El Sextante
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Barbanegra (Edward Thatch)

Causó terror en los mares, infundía pánico en cada abordaje y algunos creían que no era hombre sino demonio. Exacto, estamos hablando del mismísimo “Capitán Barbanegra” (o Edward Thatch): un pirata con un alma tan negra como su barba imponente.

Veremos desde sus orígenes hasta increíbles datos sobre él.


Sus inicios[]

Los padres de Thatch regentaban una taberna y las malas lenguas dicen que drogaban a los marineros para luego embarcarlos en naves en las que de estar sobrios nunca hubieran subido. Otros apuntan a que Barbanegra tuvo una posición acomodada puesto que sabía leer y escribir. Poco se sabe acerca de la vida temprana de Barbanegra, antes de que se convirtiera en pirata y se estableciera en la isla New Providence de las Bahamas.

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Se estima que nació en 1680, en Bristol, Inglaterra, y que probablemente fue un corsario durante la Guerra de la Reina Ana (1702-1713), en la que Francia y el Reino Unido se disputaron el control de Norteamérica.

Sea como fuera, sus inicios como marino tuvieron lugar durante la guerra entre Francia e Inglaterra por el control de Estados Unidos, actuando como corsario inglés y atacando barcos franceses. Al finalizar el conflicto y quedarse sin trabajo, Barbanegra dejó de ser corsario para convertirse en pirata.

Comenzó a navegar en compañía de un conocido pirata llamado Benjamín Hornigold, y fue entonces cuando empezó a vestir de la particular forma con que más tarde sería recordado. La isla de Nueva Providencia fue el escenario de sus primeras fechorías. Allí capturó un carguero español procedente de La Habana, otro de las Bermudas y un tercero de Madeira.

Fechorías y grandes hazañas[]

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La hazaña que hizo célebre a Barbanegra fue realizada en la base naval de San Vicente, en las islas de Barlovento, donde apresó a la nave Great Allen, que transportaba un valioso cargamento. Tras la escaramuza asesinó a la tripulación e hizo quemar el barco. Al conocerse la noticia, el buque de guerra inglés Scarborough zarpó enseguida para dar caza a Barbanegra y castigar su osadía, pero el navío sufrió una estrepitosa derrota y tuvo que retirase. La noticia corrió como la pólvora y Barbanegra se convirtió en el enemigo público número uno del Imperio.

Para erradicar la piratería de la zona, el rey Jorge I decretó una amnistía para todos aquellos piratas que abandonasen sus actividades. En el caso de que no quisieran aceptar las condiciones del edicto, las penas que se contemplaban en caso de ser capturados iban de la horca a las amputaciones de miembros.

Barbanegra rehusó las condiciones estipuladas por el monarca y siguió con sus actividades delictivas. Entregado a un auténtico frenesí de ataques, Barbanegra asaltó posesiones tanto francesas como británicas y españolas. Sus incursiones en la península del Yucatán, en México, le valieron el mote de "El gran diablo".

En mayo de 1718, Barbanegra sitió la ciudad de Charleston y mantuvo secuestrada a toda la población. Tan sólo levantó el bloqueo cuando le entregaron un rescate de mil quinientas libras. La leyenda cuenta que Barbanegra llevó a cabo esta acción para hacerse con un lote de medicamentos para curar a su tripulación, que sufría de sífilis. Para el pirata la salud de sus hombres era fundamental.

A la caza de Barbanegra: una muerte de leyenda[]

Ante el avance imparable de la piratería, y saber que Barbanegra tenía su base en la isla de Ocracoke, el gobernador de Virginia, Alexander Spotswood se puso en contacto con el teniente de la Marina Real Robert Maynard para que se hiciera cargo de la situación y acabara con el pirata.

Una noche, mientras Barbanegra estaba bebiendo ron con el patrón de una balandra con la que mantenía algunos "negocios", Maynard aprovechó para preparar el ataque del día siguiente.

El 22 de noviembre de 1718, Barbanegra, que ya estaba avisado de la llegada del teniente inglés, puso rumbo hacia el interior de los canales de la isla. Maynard al darse cuenta, cañoneó el barco de Barbanegra. Tras izar la enseña real, Maynard ordenó a sus naves que se dirigieran tan rápido como pudieran para interceptar a Barbanegra. Éste, al ver a las naves inglesas dirigirse hacia su posición, ordenó la retirada mientras sus cañones disparaban una y otra vez contra los ingleses.

Las dos naves inglesas embarrancaron y, para evitar más muertes, Maynard ordenó a sus hombres que se escondieran en las bodegas con sus armas preparadas. Cuando Barbanegra vio que no había nadie en cubierta, ordenó a sus hombres que abordaran las naves inglesas: "¡Saltemos y hagámoslos pedazos!", ordenó. Sediento de sangre, Barbanegra abordó la balandra inglesa con la mitad de su tripulación, dispuesto a pasar a cuchillo a todo el que quedase, pero nada más subir a bordo se dio cuenta de que había caído en una trampa: ambas tripulaciones se enzarzaron en una lucha a muerte en la que Maynard y Barbanegra acabaron enfrentándose cara a cara.

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El pirata fue finalmente abatido tras recibir veinticinco heridas, cinco de ellas de pistola. Maynard no mostró compasión alguna con el cadáver de Barbanegra: ordenó que le cortaran la cabeza y que ésta fuera expuesta durante varias semanas en el bauprés, el mástil que sale casi horizontalmente de la proa.

Datos curiosos sobre Barbanegra[]

El “Queen Anne’s Revenge”[]

En 1717, Barbanegra capturó un barco mercante francés, lo equipó con 40 cañones y lo renombró “Queen Anne’s Revenge” (La Venganza de la Reina Ana), que fue su herramienta más valiosa durante sus aventuras de pirata y le valió su fama. El Queen Anne’s Revenge se hundió en la ensenada de Beaufort, en Carolina del Norte.

"Queen Anne's Revenge" (modelo a escala real)

«Según dice la leyenda, el barco estaba embrujado y obedecía todas las órdenes de su capitán»

Un demonio salido del infierno[]

El rasgo físico más notorio del gran pirata Barbanegra era su larga y tupida barba, que le daba un aspecto realmente intimidante e imponente. Para aumentar este efecto y atemorizar aún más a sus enemigos, se dice que solía atar fusibles encendidos debajo de su sombrero.

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«Antes de lanzarse a la batalla, se colocaba cerillas encendidas bajo el sombrero. Eran largos palillos de arder lento, hechos de cuerda de cáñamo mojado en salitre y una solución de cal muerta. El efecto resultaba aterrador. Su cara, con los feroces ojos y el pelo enmarañado de la barba, estaba enmarcada en humo, y a sus presas les parecía totalmente un demonio salido del infierno. Su parecido con algún tipo de pirata demoníaco quedaba completado con una bandolera con tres pistolas cargadas y amartilladas para el disparo y por las pistolas, dagas y alfanjes adicionales que portaba alrededor del cinturón.»

Evitaba violencia extrema[]

También se describía a Barbanegra como un líder calculador y astuto, pero que rechazaba el uso de la fuerza o de la violencia extrema, prefiriendo en cambio ahuyentar a aquellos que robaba simplemente infundiéndole el miedo con su aspecto físico.

No del todo un monstruo[]

Barbanegra siempre comandaba sus barcos con la aprobación de toda su tripulación, y no hay registros de que alguna vez haya lastimado o asesinado a aquellos que mantenía cautivos. Todo esto ha contribuido a esa imagen romántica e idealizada que se tiene hoy en día de Barbanegra.

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